Desde los procesos de reinstauración democrática en América Latina, las elecciones han sido el corazón del sistema político. Los diferentes países de la región han ensayado diversas maneras de organizar las elecciones, buscando cumplir con los criterios de equidad, libertad, justicia, imparcialidad y transparencia. La gobernanza electoral consiste precisamente en el modo en que se organizan las elecciones, impacta sobre su calidad (Hartlyn et al. 2009) y no existe un único modelo ideal que pueda ser usado en todos los sistemas políticos.

Cada país latinoamericano, tomando en cuenta diversos factores como el nivel de confianza en los actores políticos y en el modo en que se realizan las elecciones, el nivel de capital político de la ciudadanía o las experiencias previas de las instituciones, diseña el modelo de gestión electoral con el que espera cumplir de mejor manera con los objetivos de organizar una elección. La gobernanza electoral tiene en cuenta la integración, las reglas y los procedimientos internos del órgano de gestión y organización electoral. El término tiene que ver con el rendimiento de los organismos de la administración vinculados al proceso electoral propiamente dicho (Pérez Duharte 2015). 

MapaOrganismosElectorales

En relación a la integración y composición de los organismos electorales, las diferencias se encuentran en el número de órganos de gestión electoral (OGE) que realizan la labor electoral; en la duración de sus mandatos; en el modo en que se seleccionan los miembros que los integran (si son partidistas o no; sin son políticos o no); en el nivel de profesionalización de los miembros; en la capacidad de tener autonomía financiera, iniciativa legislativa o en el nivel de involucramiento de los partidos políticos en  las decisiones que los OGE toman en relación a la organización de la elección.