La representación política de las mujeres ha sido históricamente baja en América Latina. Esto ha cambiado en las últimas décadas, al menos a nivel del Poder Ejecutivo, ya que es la primera vez que cinco mujeres ejercen como presidentes y/o primeras ministras, y en el nivel legislativo nacional, ya que el número de mujeres con escaños se ha incrementado de manera significativa. Los datos son claros en ese sentido. El promedio de legisladoras nacionales se triplicó entre 1990 y 2014, pasando de 9% a 25% (Htun y Piscopo 2014). Aún cuando el promedio de representación femenina es de cerca del 26,01% de escaños nacionales, en algunos países como Bolivia, Cuba, Nicaragua o Ecuador eso supone calificar entre los primeros veinte puestos del ranking mundial de Mujeres en el Parlamento (IPU).

Si bien aún existen déficits importantes respecto a otros niveles institucionales como los cargos subnacionales o la designación en los gabinetes ministeriales, la política latinoamericana ha experimentado un proceso de incorporación de la mujer en los altos cargos de toma de decisiones sin precedentes, si se la compara con otros contextos mundiales. ¿Qué es lo que ha ocurrido en las últimas tres décadas para que mejoraran los niveles de representación de las mujeres en los cargos de elección popular en la región? ¿Qué medidas institucionales se han implementado para cambiar una situación de desigualdad que limita el desarrollo de la democracia?

La principal respuesta institucional hacia la desigualdad de género ha sido la realización de reformas políticas que buscaban mejorar las condiciones de acceso a puestos de representación popular a nivel nacional. Esto supuso la introducción de mecanismos de acción afirmativa (leyes de cuota de género) que, junto a sistemas electorales favorables al género, han mejorado los niveles de representación femenina en la región (Archenti 2014: 306). Si bien no es la única herramienta que puede emplearse para mejorar la representación, la investigación comparada da cuenta de la influencia que las leyes de cuota han tenido sobre la composición de los legislativos.

Mapa

Desde 1991, se han realizado 35 cambios en 17 países para establecer algún tipo de cuotas (Freidenberg y Došek 2015), incrementando progresivamente los porcentajes de exigencia en las candidaturas, fortaleciendo y perfeccionando los elementos incluidos en la cuota (nivel de sanción, mandato de posición, entre otros) e incluso llegando a adoptar la paridad  para la conformación de las listas legislativas plurinominales (como ha ocurrido en Bolivia, México, Costa Rica, Ecuador, Nicaragua y Honduras). El monitoreo constante y la presión sobre la implementación de las reformas, tanto desde la academia, la sociedad civil, los organismos intergubernamentales o la cooperación internacional, ha permitido ir perfeccionando los instrumentos institucionales para mejorar  la representación política.

A pesar de ello, las mujeres aún enfrentan dificultades al momento de acceder a un cargo de representación política y existen brechas significativas entre lo que las normas exigen y el resultado real de la representación. Existen distancias aún entre la representación descriptiva y la representación sustantiva. Es más, en la actualidad, sólo seis países superan la “masa crítica” (Dahlerup 1993) de legisladoras nacionales (Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Costa Rica, México y Argentina). Esto significa que alcanzar al menos esa masa crítica, un 30 por ciento de representación, supone un elemento positivo en la evaluación de la representación descriptiva, a pesar de que aún hay brechas entre la cuota formal y la representación efectiva como en Panamá (-21 puntos porcentuales).

La ausencia de leyes de cuotas y/o un sistema electoral poco sensible en materia de género, junto a otros elementos no institucionales como la brecha laboral, los estereotipos de género, los “techos de billetes” (Pomares 2014) o el acoso y la violencia política, funcionan como barreras importantes en el acceso a la representación política en varios países de la región. La presencia de actores con capacidad de veto (como jueces electorales, activistas de derechos humanos, periodistas, académicos y/o colectivos de mujeres) que monitorean la implementación de la cuota, que luchan contra los obstáculos y barreras institucionales y no institucionales que dificultan el uso de la cuota y que trabajan por la armonización de las normas constitucionales en el marco del Estado de Derecho (CIM 2013), facilitan la efectividad de las cuotas.

En este Proyecto de Reformas Políticas en América Latina se ponen a disposición recursos de investigación y materiales didácticos para contribuir al debate plural y crítico que mejore las condiciones de representación de las mujeres en la región.

Referencias

Archenti, Nélida. El proceso hacia la paridad en América Latina. Argentina y Costa Rica, experiencias comparadas. Revista Derecho Electoral, 2014, Nº 17: 304-332.

CIM. La ciudadanía de las mujeres en las democracias de las AméricasOEA documentos oficiales, 2013.

Dahlerup, Drude. De una pequeña a una gran minoría: Una teoría de la “masa crítica” aplicada al caso de las mujeres en la política escandinavaDebate feminista. Revista mexicana, 1993, Nº 8: 165-206.

Htun, Mala y Jennifer Piscopo. Women in politics and policy in Latin America and the Caribbean. Conflict Prevention and Peace Forum CPPF Working Papers on Women in Politics, Nº 2, 2014.

Pomares, Julia. Un “techo de billetes” entre las mujeres y la política. La Nación, 8 de junio de 2014.


download125Leyes de Cuotas
image70Porcentaje Promedio de Cuotas de Género en América Latina
image70Mapa de Leyes de Cuotas
image70Número de Reformas en Leyes de Cuota por País
image70% Exigidos por las Cuotas de Género